Y toda esta tecnología, ¿para qué?

El ensayo en el que está inspirado este breve texto es “Ciencia y técnica como ideología” de Jürgen Habermas, publicado en 1968. Habermas influenciado indudablemente por el calor de los movimientos de las juventudes que ese año sacudían las diferentes latitudes, en esta breve pero potente obra, nos cuestiona con una profundidad teórica innegable acerca de la neutralidad de las implementaciones técnicas.

Creo pertinente, más de 50 años después de la publicación de dicha obra, tomarnos un momento para reflexionar acerca del rumbo que debe tomar el desarrollo de la ciencia y la tecnología, ya que simplemente afirmar que la tecnología “avanza a pasos agigantados”, es como plantear que fuera hay un robot gigante que corre sin cabeza. Es decir, es quitarle la responsabilidad a los seres humanos de la dirección que toma el desarrollo tecnológico, como si no fuéramos nosotros mismos los que planteamos, diseñamos y desarrollamos los proyectos y la innovación tecnológica, ya sea en las universidades, en laboratorios privados o simplemente en empresas de innovación tecnológica.

Para explicar este punto, describiré brevemente y de la manera más sencilla posible la argumentación principal de Habermas. Siguiendo en esto a Marcuse, nos recuerda que en la modernidad, una de las principales características es el fin de las cosmovisiones que explican la interacción humana, y como consecuencia el auge de la ciencia como marco explicativo de la interacción humana con el medio ambiente.

Otra de las características dominantes de la modernidad es la separación de la Iglesia con el Estado, y la consecuencia de esto es que se reserva el ámbito  de la vida política únicamente a los actores estatales y, por lo tanto, se despolitiza al resto de la población. Lo que trae como consecuencia que la población en general no se interese por el rumbo político de la vida pública. Aunado  a lo anterior, el Estado debe buscar una forma de legitimar su rumbo político, y para eso toma a la ciencia y la técnica como las rectoras de su proceder, además las cuales son, supuestamente, neutral e incuestionable. Esto genera un sentimiento de falta de responsabilidad de los seres humanos que dirigen la vida pública de los estados, ya que únicamente se dedican a implementar las recomendaciones de la ciencia. Y acá llegamos a entrever una de las consecuencias en el mundo pandémico actual, y es el hecho de que una política pública basada en la ciencia, sin el componente político necesario para priorizar la vida humana y la ética, puede no tener un rumbo claro y eficaz.


A continuación, detallaré las circunstancias actuales por las que atraviesa el planeta entero con el fin de generar mayor contexto y entender la pertinencia de esta pequeña reflexión. Por un lado estamos ante una pandemia mundial que está transformando la forma en la que interactuamos cotidianamente en muchos aspectos, desde las formas del consumo, las celebraciones, la educación, el trabajo remoto, el transporte, los patrones de alimentación, entre otras cosas. Y por otro lado, nos enfrentamos a un reto aún mucho mayor que es el cambio climático que ya parece ser irreversible. Por lo tanto, considero que es el momento perfecto para reflexionar sobre la dirección que le damos a la tecnología que producimos. En general la dirección que se le otorga al desarrollo tecnológico que es dictada por las empresas que invierten en él,  es decir, es dictado por el capital que se invierte y por lo tanto la dirección otorgada es en beneficio del mercado y las ganancias que se obtienen de éste, pero debemos plantearnos seriamente si este desarrollo científico y tecnológico “sin cabeza” nos ha llevado por buen camino y si realmente estamos donde queremos como sociedad. Ya que a juzgar por los hechos no es así.

A esto es a lo que se refiere Habermas  con  su llamado a desenmascarar la neutralidad de la tecnología, puesto que siempre hay una dirección en el desarrollo científico-tecnológico, aunque ésta no sea siempre consciente, afirmar lo contrario es evadir la responsabilidad que como seres humanos productores de ciencia e innovación tenemos. Por lo tanto, me permito hacer un llamado en este espacio a la reflexión acerca de qué rumbo queremos tomar como sociedad en el futuro inmediato, y por lo tanto qué rumbo queremos que tome la ciencia y la innovación tecnológica.



Ania Cuapio

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