¿Qué hay detrás de una buena idea de branding? Mucho más que creatividad
A partir de una iniciativa de Lala que convirtió una costumbre mexicana en una oportunidad de diseño, podemos entender algo importante sobre el branding: las mejores ideas no siempre nacen de inventar algo nuevo.
A veces nacen de observar mejor lo que ya está ocurriendo.
Todos conocemos la escena: abres el refrigerador, encuentras un bote de crema Lala y, cuando lo destapas, descubres que contiene frijoles.
Una costumbre tan cotidiana que terminó formando parte de la cultura popular mexicana.
Lo interesante es que, mientras muchos veíamos un meme, alguien encontró una oportunidad de marca.
Con su iniciativa Aquí se guarda, Lala incorporó a sus envases de crema un espacio para identificar los alimentos que las personas almacenan después de consumir el producto.
Una solución sencilla que parte de un comportamiento real del consumidor y demuestra algo fundamental: una buena idea de branding puede comenzar mucho antes del diseño.
Antes de diseñar, hay que entender
Una identidad visual atractiva puede captar la atención, pero construir una marca sólida requiere mucho más.
Implica comprender el contexto, identificar oportunidades y definir qué lugar queremos ocupar en la mente de las personas.
Antes de elegir colores, tipografías o mensajes, conviene hacerse preguntas como:
- ¿Qué motiva a nuestra audiencia?
- ¿Cómo utiliza realmente nuestros productos?
- ¿Qué comportamientos forman parte de su experiencia con la marca?
- ¿Qué necesidades todavía no hemos identificado?
Las respuestas pueden revelar oportunidades que difícilmente encontraríamos si comenzáramos únicamente desde las tendencias visuales.
Porque el diseño estratégico no empieza con una propuesta gráfica.
Empieza entendiendo qué queremos resolver y para quién.

La relevancia cultural no consiste en seguir tendencias
En un entorno donde las marcas intentan participar en cada conversación digital, conectar con la cultura puede parecer tan sencillo como utilizar el meme del momento.
Pero la relevancia cultural no funciona así.
No consiste en adoptar todos los códigos visuales que están de moda ni en intentar entrar en cualquier tendencia. Se trata de identificar comportamientos, experiencias y conversaciones con las que la marca tiene una relación auténtica.
El caso de Lala funciona precisamente porque la idea no fuerza una conexión externa con el producto.
La conexión ya existía.
Las personas reutilizaban esos envases. La marca simplemente observó el comportamiento y encontró una forma de reconocerlo desde el diseño.
Ahí aparece el valor de la estrategia de branding: distinguir entre una idea que genera atención durante unos días y otra que también fortalece la relación entre la marca, el producto y su consumidor.

El branding va mucho más allá de lo visual
Uno de los errores más comunes es pensar que el branding termina cuando definimos un logotipo, una paleta de colores o un sistema gráfico.
En realidad, esos elementos representan solo una parte de cómo construimos percepción. Cada interacción también comunica:
- El empaque.
- La experiencia de compra.
- El servicio.
- El tono de voz.
- El sitio web.
- Las redes sociales.
- La manera en que utilizamos el producto.
Por eso, una buena estrategia de marca debe traducirse en decisiones tangibles capaces de mantener coherencia entre lo que una empresa promete y lo que las personas realmente experimentan.
La creatividad puede conseguir que una marca destaque. La consistencia ayuda a que esa percepción permanezca.
Las buenas ideas empiezan con las preguntas correctas
La iniciativa de Lala recuerda que no todas las oportunidades necesitan grandes transformaciones.
A veces basta con observar desde otra perspectiva algo que siempre estuvo frente a nosotros.
Pero el aprendizaje más importante no está únicamente en la idea.
Está en entender cómo una observación cotidiana puede convertirse en una propuesta relevante cuando existe pensamiento estratégico detrás.
Diseñar no significa únicamente crear algo visualmente atractivo.
También significa investigar, cuestionar, interpretar y tomar decisiones con intención.
Porque antes de una buena ejecución suele existir una buena pregunta.
¿Qué hacen realmente las personas con nuestro producto?
¿Qué comportamiento estamos ignorando?
¿Qué podría hacer nuestra marca para ser más útil, memorable o relevante?
De una observación a una idea de marca
Una buena idea de branding no aparece necesariamente frente a una pantalla en blanco.
Puede encontrarse en una conversación con un cliente, en una costumbre, en una frustración cotidiana o incluso en algo tan simple como abrir un refrigerador y descubrir frijoles donde esperábamos encontrar crema.
La diferencia está en saber observarlo y convertirlo en una decisión coherente con la marca.
En dinkbit entendemos el branding desde esa perspectiva: no como un ejercicio únicamente visual, sino como un proceso donde estrategia, diseño y conocimiento del consumidor trabajan juntos para construir marcas con algo propio que decir.
Porque la creatividad nos ayuda a encontrar ideas memorables.
La estrategia nos ayuda a convertirlas en ideas que realmente importan.
Si tu marca necesita algo más que verse diferente, quizá el primer paso no sea rediseñarla.
Tal vez sea entender mejor qué la hace relevante para las personas.